sábado 14 de enero de 2012

El déficit de la tarifa eléctrica


El otro día asistí a una conferencia en la que tuve la oportunidad de conocer, con cierta profundidad, algo de lo que se suele hablar con frecuencia, pero casi siempre sin conocimiento de sus detalles y en ocasiones ni siquiera de sus conceptos básicos. Me estoy refiriendo al déficit de la tarifa eléctrica. Quedé tan impresionado al conocer algunos de los datos que hay detrás de este déficit de tarifa  que quiero compartirlos con los demás. Aunque tendré que incorporar algunos datos, dado que la referida conferencia se impartió en una Escuela de Negocio local y la información de la que dispongo son unas notas que tomé durante la misma así como de algunas de las diapositivas que se expusieron, procuraré centrarme más en los conceptos para que estos resulten lo más claros y precisos posible.

Creo que todos estamos continuamente oyendo hablar sobre la necesidad de que el Gobierno de España apruebe una subida (al parece sustancial) de las tarifas de la energía eléctrica con el fin de compensar el Déficit de Tarifa. Pero ¿qué es este déficit? Creo que antes tendré que hacer una breve introducción de cómo se conforma la tarifa de la energía eléctrica. Los datos a continuación son macroeconómicos, referidos al consumo anual de todo el territorio nacional.

Veamos en primer lugar lo que los consumidores pagamos durante el año 2010. El total del año fue de 32 mil millones de euros (G€) de los que 12,3 G€ (el 38%) correspondían a la generación, al producto propiamente dicho: los kilovatios (el precio de la energía está liberalizado en España). Otros 12,8 G€ (40%) fueron el coste del acceso: de transportar los kilovatios desde donde se generan hasta nuestras casas y empresas. El 22% restante corresponde a impuestos varios, entre ellos el IVA. Y¿cuál fue el coste real de generación y transporte de esta energía? La generación del producto tuvo un coste que fue exactamente la misma cantidad que pagamos: 12,3 G€, pero el coste del acceso fue bastante superior: 19,3 G€, es decir 5,5 miles de millones de euros superior a lo que pagamos. ¿Y cómo fue eso posible?

Hagamos un poco de historia. En el año 2002 se aprueba por el gobierno el desacoplo entre los costes y los precios (las tarifas) del consumo eléctrico en principio con el fin de poder controlar los efectos inflacionistas inmediatos de las variaciones del coste de la energía y posponerlos. La diferencia entre el coste global anual de la electricidad y lo que los consumidores pagamos por ella es el “déficit de tarifa eléctrico” y su importe es financiado por las grandes empresas eléctricas a las que habrá que abonarles dicho importe más los intereses correspondientes en algún momento. (Actualmente esta deuda se ha titulizado y el Fondo de Amortización del Déficit Eléctrico, FADE, ofrece bonos de alta rentabilidad respaldados tanto por el derecho al cobro del déficit tarifario como por el Gobierno de España). Veamos cómo ha ido evolucionando este déficit de tarifa eléctrico.

               Año              Déficit anual
              2002                  1.190
              2003                     178
              2004                     178
              2005                 4.008
              2006                 3.026
              2007                  1.527
              2008                 5.108
              2009                 4.300
              2010                  5.554
              2011                   3.258*
                (*) a octubre de 2011 

¿Cómo es posible que el déficit de tarifa venga suponiendo desde 2005 del orden del 0,5% del PIB? Para ello sería bueno ver un poco en detalle los componentes del coste de acceso. Dentro del coste de acceso, además de los correspondientes a transporte, distribución, interrumpibilidad y otros, se incluyen las primas del Régimen Especial. ¿Qué son las primas del Régimen Especial? Puede que sea algo más complejo de lo que voy a decir, pero son las primas que se les deben abonar a los inversores en energía renovables para garantizar una rentabilidad que en ocasiones alcanza el 30%. El importe de estas primas para el año 2010 fue de 7,1 G€. 

Para hacernos una idea de la repercusión de estas primas veamos cuál sería el resultado de aplicar su importe directamente al precio de MWh que generan. Pues bien, tomando como referencia los costes del 2009, el coste medio del MWh de las energías ordinarias (gas, nuclear, carbón, fuel e hidráulica) fue de 37 €/MWh, mientras que para la eólica era de 80.4 €/MWh y para las solares de 467,4 €/MWh. A la vista de esto podemos concluir que toda la generación renovable la estamos pagando a precio de oro y sin mucho provecho, ya que ni siquiera se ha aprovechado para tener una potente industria de investigación y producción con tecnología propia que ahora nos permita exportar.

La situación actual es que el saldo vivo pendiente de pagar es del orden de casi 24 mil millones de euros, el equivalente al 2,5% del PIB (esperemos que no se entere el Gobierno, a la vista de lo que ha tenido que hacer por la desviación del 2,2% de incremento del déficit del presupuesto nacional). Y todo eso lo tendremos que pagar, tarde o temprano, todos los consumidores. Para empezar la subida de las tarifas para este año ya debería haber sido del orden del 15 o 20%, lo cual podría ahogar a determinadas industrias con fuerte dependencia del consumo eléctrico y a la mayoría de las familias.

¿Qué solución tiene esto? ¿Aparte de pagar? Muy poca. Reconsiderar la prima del régimen especial, lo cual generaría un problema de índole jurídico, sería una posibilidad. Otra, negociar con las eléctricas convencionales a base de compensarles con la prórroga de la vida de las centrales nucleares (¿y otros activos ya amortizados?). Creo que a la vista de esto es fundamental la aprobación mayoritaria de una Política Energética Nacional a largo plazo, que considere todas las alternativas posibles y la realidad económica de España y que no pueda ser fácilmente modificada por futuros gobiernos simplemente por intereses partidistas y electoralistas.

Termino recordando que aunque he procurado ser lo más fiel posible a lo que se expuso en la conferencia aludida, es posible que pueda existir alguna desviación en los datos, pero creo haber sido fiel a los conceptos, aunque con una exposición sencilla. Para los que quieran profundizar, he localizado algunos enlaces en Internet que copio a continuación.

(1)    El sueño de Jardiel - Sistema eléctrico y déficit tarifario (http://www.expansion.com/blogs/conthe/2010/08/05/el-sistema-electrico-y-el-deficit.html)

(2)    Energía y Sociedad. Deficit_de_tarifas.pdf (http://www.energiaysociedad.es/...Deficit_de_tarifas.pdf) y en general el sitio http://www.energiaysociedad.es/


sábado 19 de noviembre de 2011

Innovando... ¡Natualmente!


Miguel Ángel Luque Olmedo. Ingeniero Industrial y Director General del IAT (Instituto Andaluz de Tecnología). El pasado jueves dio una conferencia en la Sede del IAT en Sevilla. El tema: Innovando naturalmente. Tuve la ocasión de comentar con él algunos aspectos en privado y a participar en los temas que se debatieron al término de su conferencia. Porque creo en la certeza de su afirmación sobre que la innovación es uno de los instrumentos más importantes para salir de la actual crisis, quiero exponer algunas de las ideas que nos transmitió durante su conferencia. No pretendo ser fiel al recoger sus expresiones, sino manifestar las impresiones que me produjeron. Por tanto, este modo subjetivo, de realizar este resumen, puede introducir cierta distancia con la forma en la que Miguel Ángel nos transmitió sus ideas, pero espero que no sea así en el fondo.

En primer lugar trató de comparar y establecer las diferencias entre evolución e innovación. Mientras que la primera considera cambios experimentados de forma colectiva, la innovación está referida a un autor o, a lo sumo, a un grupo reducido. En cualquiera de los casos se tratan de procesos de adaptación al entorno estando la evolución más relacionada con la supervivencia, mientras que la innovación tiene unas connotaciones más sociales y económicas.

Consideró tres posibles tipos de innovación: de tecnología, tecnológica y de gestión. La primera, innovación en tecnología, está enfocada al producto, con el fin de incrementar su valor y suele ser un estímulo para el incremento del mercado de trabajo. Por su parte, la innovación tecnológica está relacionada con el aumento de la productividad y por tanto suele ocasionar una disminución de la mano de obra necesaria en el mercado del trabajo. Finalmente la innovación de gestión tiene una visión más global y trata de optimizar los recursos tratando de encontrar  la sostenibilidad del sistema. Actualmente, en España, tenemos un serio problema de empleo y arrastramos un enorme falta de competitividad, por lo que será difícil encontrar la proporción adecuada de los tres tipos de innovación considerados para formular la receta mágica que nos haga salir de la crisis. Eso siempre que se sepa estimular la innovación en la sociedad y en las empresas.

También me pareció interesante la consideración que hizo sobre la funcionalidad de los productos, en su relación con los usuarios o clientes. Una primera funcionalidad es la de uso o utilidad que justifica su adquisición para cumplir un fin determinado. Esta función de uso puede ser mejorada mediante la tecnología. La otra funcionalidad es la de estima. La función de estima tiene un carácter emocional y está relacionada con el modelo de negocio siendo posible mejorarla mediante la gestión de recursos. La fidelización de la marca, la necesidad de exhibir rasgos identificativos de su procedencia y la identificación con el estilo de vida que transmite el fabricante o diseñador son ejemplos de como la función estima influye en los clientes (o seguidores) de un producto.

Los aspectos considerados sobre innovación serán elementos necesarios, pero no suficientes, para sacarnos de la crisis. Será también imprescindible una fuerte componente de internacionalización, considerada como exigencia de la globalización actual. Pero internacionalización no debe confundirse con exportar, es algo más. Finalizó con una receta para obtener un crecimiento económico, integrada por los siguientes ingredientes: talento (del que surge la creatividad), ingenio (que genera la innovación y la diversidad) y tolerancia.

El debate posterior se centró en tres aspectos: las patentes, el apoyo social a la innovación y la identificación de la juventud como la edad propicia para innovar. Fue este último el tema más debatido. Dado que había ponentes a favor y en contra de este principio, se "consensuó" que la referida juventud está más relacionada con una disposición mental que con la edad biológica. Personalmente creo que las personas cuando nacen están dotadas de fuertes dotes para la innovación, pero que el tipo de formación que se imparte a los niños y jóvenes, así como los efectos de la experiencia vital van limitando esa capacidad de las personas para la innovación. Lógicamente estas circunstancias no afectan a todos en igual grado, pero parece evidente que con los años se pierde capacidad de innovación (síntesis) y se sustituye por una mayor dosis de precaución (análisis)